Hoy más que nunca las personas deben proteger y cuidar su derecho a la libertad de expresión, ya que tenerlo es un signo inequívoco de que se vive en un país democrático.
Las elecciones del 6 de junio en Perú han levantado a personas en todo el planeta, tanto en América como en Asia, debido a lo que suena a un fraude electoral enorme.
Aún no se define quién venció en la elección, sin embargo, Pedro Castillo, candidato de Perú Libre, ya se ha autonombrado ganador y ha empezado a anunciar medidas tan drásticas como una reforma constitucional y la desaparición de los medios de comunicación libres.
Castillo además es conocido por su política comunista y totalitaria, algo que evidentemente el pueblo peruano no aprueba luego de vivir por tantos años en un país libre y democrático.
En estos días miles de peruanos en Estados Unidos, Perú y Japón han salido a marchar a las calles, pidiendo que se respeten los resultados de la elección y que especialmente se cuide la libertad de expresión en el país, misma que con la probable llegada de Castillo al poder se está viendo seriamente amenazada.
Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, ha recibido acusaciones de corrupción y malversación de datos, algo con lo que pretenden quitarle la posibilidad de llegar a la presidencia de Perú.
Muchos años ha costado que en América Latina la libertad de expresión sea tomada en cuenta como un derecho humano fundamental, tan es así que en la historia de muchos países latinos están dictaduras que sacaron a la gente a las calles a marchar, desapariciones políticas de grandes luchadores sociales y muchos años de dolor que han resultado en la posibilidad que hoy existe de emitir opiniones de manera pública y sin censura.
La sombra del comunismo amenaza con entrar a Perú, tal como hizo en Venezuela, donde hasta hoy ha destruido la economía, los derechos y la esperanza de los ciudadanos que hasta hace unos años vivían en uno de los países más prósperos del continente.
Toda marcha por la libertad de expresión debería ser escuchada y propiciada por los mismos ciudadanos, eso antes que permitir que, como hace décadas, se les vuelva a silenciar a través de la mentira, la violencia y la corrupción política.