El legado que ha dejado el esquema del régimen neoliberal a México es la desigualdad social y económica en el país, mismo factor por el que el presidente, Andrés Manuel López Obrador, ha culpado a la política de frenar el crecimiento económico, del aumento a la pobreza y la corrupción.
Y es que, se pueden señalar los problemas del Estado y entender que determinadas actividades se pueden coordinar mejor si éste limita su presencia en el mercado. Sin embargo, en la práctica la corrupción y la falta de moral, que siempre han logrado apoderarse del ser humano, impiden implementar un modelo económico de manera total y positiva.

Empresas como 7 Eleven, Circle K, Oxxo, Sanborns, Suburbia, Coppel y Farmacias Guadalajara son un claro ejemplo de lo mencionado, pues al promover su esquema de explotación laboral se evidencia la disminución de los salarios ante la gran demanda de trabajo, por lo que la mano de obra se abarata, una de las herencias del neoliberalismo.

El estado siempre regulará los mercados y esta ocasión, para bien de los empleados, su intervención se debe desprender de la situación laboral y económica por la que atraviesan sus subordinados. Dichas empresas al momento de contratación exigen una amplia gama de aptitudes como: pasión por aprender, integridad y respeto al cliente, sentido de responsabilidad, sencillez y actitud de servicio.
Cualquier candidato diría que cumple con todos los requisitos, sin embargo, algo de lo que no se expone en sus vacantes son las múltiples actividades a desarrollar y que no son retribuidas económicamente como otro puesto similar en una dependencia oficial.
Hablemos un poco de las actividades que ejercen. Por ejemplo, los trabajadores de cualquiera de las empresas mencionadas anteriormente, realizan cobro de productos, mantenimiento de sucursal y además, corresponsalía bancaria. Mientras el cajero bancario percibe un pago mensual de 14 mil pesos, aproximadamente, el trabajador de Oxxo recibe un 300% menos de lo que gana el cajero bancario, una diferencia abismal que refleja la vulnerabilidad de los derechos laborales.
Los que dichas empresas evidencian y que poco a poco la sociedad se va percatando, es un poder de control a una minoría que acapara la productividad y la oferta de servicios, un incremento de precios sin control y sujetos a leyes deliberadas del mercado, una disminución de salarios ante la gran demanda de trabajo y una falta de iniciativa que busque la equidad en salarios.
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