El 8 de marzo se conmemora uno de los acontecimientos más significativos a nivel mundial, el Día Internacional de la Mujer. No nació como una simple celebración, sino como el resultado de años de lucha por la igualdad, la justicia y los derechos laborales y políticos de las mujeres. Su origen está marcado por acontecimientos históricos que reflejan la resistencia y la valentía de muchas mujeres que alzaron la voz en tiempos en los que ser escuchadas era un desafío enorme.

Uno de los hitos más recordados es la protesta de trabajadoras textiles en Nueva York en 1908, cuando miles de mujeres marcharon exigiendo mejores condiciones laborales, reducción de la jornada de trabajo y el derecho al voto. Un año después, en 1909, se organizó el primer Día Nacional de la Mujer en Estados Unidos, impulsado por el Partido Socialista. Pero fue en 1910, durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, cuando la activista Clara Zetkin propuso establecer un día para la lucha de las mujeres a nivel global.
A esto se sumaron hechos trágicos como el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist en Nueva York en 1911, donde más de 140 trabajadoras murieron atrapadas por las precarias condiciones de seguridad. Estos eventos reforzaron la urgencia de reconocer los derechos de las mujeres y luchar contra la explotación laboral y la desigualdad.

Con el tiempo, la fecha fue adoptada por distintos países y movimientos feministas, hasta que en 1977 la ONU oficializó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Hoy en día, este día no es solo un recordatorio del pasado, sino una oportunidad para reflexionar sobre los avances logrados y los desafíos que aún persisten en la búsqueda de una sociedad más justa e igualitaria.
La lucha de las mujeres contra los abusos en México ha sido intensa y continúa evolucionando. Durante décadas, las mujeres han alzado la voz contra la violencia de género, el feminicidio, el acoso y la desigualdad, enfrentando un contexto de impunidad y falta de protección por parte del Estado.
Uno de los problemas más graves es el feminicidio, con miles de mujeres asesinadas cada año, muchas veces sin justicia. Movimientos como el #NiUnaMenos y #MeToo han impulsado la denuncia pública de agresores y han generado presión para cambios legales. Las marchas del 8 de marzo y el 25 de noviembre han tomado fuerza, exigiendo medidas reales para frenar la violencia.

En los últimos años, se han logrado avances como la tipificación del feminicidio en la ley, la creación de alertas de género en estados con altos índices de violencia y reformas para castigar la violencia digital. Sin embargo, la lucha sigue, pues la impunidad y la falta de acción gubernamental siguen siendo obstáculos para la seguridad y los derechos de las mujeres en México.