Día con día, la violencia contra las mujeres y las niñas se vuelve más recurrente en todo el mundo. Es una manera de discriminación que además, impide el acceso a oportunidades y al gozo de los derechos humanos, pues repercute en la salud, la libertad, la seguridad de las féminas y hasta en el sentimieno conjunto de la sociedad.
Por esta razón, se busca promover campañas, movimientos y quehaceres comprometidos a prevenir, sancionar y erradicar todos los tipos de violencia contra el género femenino.
Una de estas misiones es el filme de Tatiana Huezo, una película basada en la novela Ladydi de Jennifer Clement, donde relata la vida de Ana, una niña que junto a sus dos amigas, Paula y María, enfrentan la transición de la niñez a la adolescencia, desde los ojos del asombro y la ternura, pero también desde el miedo y la impotencia para salvaguardar su propia integridad en un pueblo controlado por las redes del narco.
Sin embargo, no es una película clásica de matar a diestra y siniestra, ni de narcos ni de desapariciones, de esas convencionales que estás acostumbrado a ver. La realidad es que va mucho más allá, justo ahí donde las sensaciones en el corazón y en las entrañas se juntan para hacerte entender, grosso modo, la situación que se vive en diversos rincones del mundo.
Dicho largometraje de ficción, “Noche de fuego”, fue grabado en el estado de Guerrero, en un pequeño pueblo mágico llamado Neblinas. Fue el escenario perfecto para conquistar al jurado de dos galardones, el premio AECI Cooperación Española y el premio Otra Mirada de RTVE, que llegó a San Sebastián con el aval del Festival de Cannes, que le otorgó en julio pasado la mención especial del jurado Un certain regard.
Sin duda, un verdadero arte que tienes que presenciar. Es una aproximación que documenta la situación que guardan los delitos violentos contra las mujeres, en relación con la violencia feminicida que ocurre en el país.
@HechosDerechos